Pasé gran parte de mi infancia y temprana adolescencia entre miles de amores platónicos que iban desde el galán de telenovela hasta el chico cuatro años mayor que yo en el cole que me molestaba todos los recreos. Sin embargo, recién pude conocer al famoso Platón cuando en alguno de mis cursos universitarios me introdujeron a su interesante mundo de las ideas. Ahora he tenido que sumergirme nuevamente en ese entremado de términos filosóficos para mi examen de Teoría Literaria Clásica y se me ocurrió que nunca me había dado cuenta que esa expresión venía del viejito sabio y un poco zafado, también. Me parece curioso haber pasado gran parte de mi vida utilizándola sin saber que se refería a este amor ideal que está literalmente en una realidad superior que trasciende al mundo físico.
cerrar los ojos y desaparecer entre sueños y mañanas que no se acaban entre días que no se vuelven noches y noches que son eternas entre sábanas que te envuelven y entonces piensas que el mundo debería ser hecho de sábanas y así siempre te podrías esconder cerrar los ojos y pensar en que todo ha sido una pesadilla y quieres que desaparezca el mundo y los cierras más fuerte y pasan dos minutos y los vuelves a apretar hasta que cae una lagrima en tu mano y te das cuenta que solo los cierras para no ver para no ver lo eterno y lo permanente entonces piensas en quedarte así para siempre y volver a meterte entre las sábanas que te envuelven y pretendes que son ellas las que no te dejan salir pretendes que son ellas las que tienen la culpa cerrar los ojos y pensar que si los mantienes en la oscuridad en algún momento alguien prenderá una luz alguien te dirá que eres tú otra vez y no una persona que no conoces que ha tomado tu lugar porque quieres ser tú quieres más que nada en el mundo volver a ser tú y te dicen que es demasiado tarde para cerrar los ojos pero tú quieres más que nada en el mundo cerrarlos y ser tú y darte besos y ser tú y quererte como tú y no como ella y sentirte tú, dando saltos y brincos y sonrisas solo tú, otra vez abrir los ojos
Todas las mañanas mi mamá me prepara una rica ensalada de frutas. Casi siempre tiene plátano, que por cierto es una de mis frutas preferidas y lo suelo dejar para el final o me lo como antes que todo, depende. La papaya y el melón no me gustan tanto, sobretodo cuando no saben a nada y son puro relleno para que la ensalada tenga más colores; sin embargo, igual me las como y a veces se roban un poco del sabor de la piña y no saben tan mal. Lo mejor del planeta es cuando hay temporada de chirimoyas, ahí el plátano es desplazado del trono y es esta deliciosa fruta peruana (creo) la que toma la batuta. No se trata de una pelea fácil, mientras voy comiendo siempre pienso en cuál me gusta más. Al final siempre gana la chirimoya si es que está bien dulce.